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Esto no es una despedida


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Atardecer

sábado, 2 de agosto de 2014@20:36
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Atardece cuando un pintor
Que con rosa, naranja, violeta,
Y una pizca de amarillo
Hace su mejor creación.
Sin óleos, ni temperas, ni pinceles,
Ni una gota de acrílico,
Con sumo cuidado
Deja una parte de si mismo
Sobre quien lo ve.

A tu lado,
Preguntarse cuánto dura un atardecer
No tiene sentido,
Si ambos sabemos
Que un atardecer dura tres besos
Para oscurecer las nubes;
Dura un abrazo,
Una tibia ráfaga de viento,
Lo mismo que duran millares de latidos.

Atardecer es también gritar te quiero,
Es el destino y sus misterios.
Atardecer es mirarte,
Y mirarte en silencio.
Atardecer son tus labios,
Que en su suave tacto,
El pintor convierte en eternidad.

Foto y texto: @otramocosa

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La viajera del bosque

sábado, 12 de octubre de 2013@17:11
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En medio de la espesura de un frío bosque y en la ligera niebla, se encontraba el pequeño lago de aguas cristalinas que nacía de una gran cascada. Unos cuantos rayos de luz que se colaban entre lo más alto de los árboles llenaban al lugar de un aire celestial que la hacía sentir como en casa. La viajera se despojó de su mochila y se acercó a recargar sus provisiones de agua, se asombró al ver un mal semblante en su rostro reflejado en el agua, lucía demasiado cansada. Tomó un poco entre sus manos y la salpicó en su cara, el agua estaba tan tibia que decidió tomar un baño.

Se despojó de sus ropas y otros artefactos, soltó su largo y abundante cabello negro y se zambulló tan rápido como pudo para no congelarse. Se sumergió por unos cuantos minutos liberándose de tensiones, parecía una niña pequeña en el agua. Al cabo de un rato se percató de la presencia de un cardumen de pequeños peces de colores que nadaban junto a ella, que la perseguían mientras nadaba, dejó que ellos juguetearan en su espalda y con su cabello. Cuando sus brazos y sus piernas estaban ya cansadas, flotó bocarriba, cerró sus ojos y meditó.

Una hoja seca que cayó de la copa de un árbol le hizo despertar, las yemas de sus dedos estaban arrugadas, y la mitad de su cuerpo comenzaba a helarse. Nadó cerca a la cascada; notó a medida que avanzaba el agua se hacía más caliente y bajaba su nivel, las piedras formaban una especie de escalera.

Se adentró en una cueva en medio de la montaña, una cueva escondida por la cascada. Estaba tan poco iluminada que no divisaba ni sus pies ni el final del sitio, solo veía el reflejo del agua en el techo, raspó sus dedos en el espesor de los muros y sintió cómo estaban tallados algunos símbolos desconocidos en ellos. Había tanta humedad y calor en el lugar, que por un momento confundió las gotas de agua que se escurrían de ella con gotas de sudor. Lanzó un grito seco para estimar cuán profunda era, y un lejano eco rebotó hacia ella denotando la gran forma cóncava del lugar.

La viajera abandonó la cueva por unos instantes, se sumergió de nuevo en el agua pero esta vez no fue escoltada por los peces, estos habían desaparecido. Al regresar trajo consigo una linterna para explorar el lugar. Al encenderla falló un par de veces, porque entró en contacto con el agua; mientras caminaba tropezó con las rocas que seguían un patrón lineal en forma de sendero, acompañados de charcos producto de las goteras que caían del techo. Anduvo unos cuantos metros más casi llegando al final de la cueva cuando encontró una ennegrecida lámpara de queroseno rota.


Una ráfaga de viento frío entró en el lugar, la viajera se estremeció, tuvo miedo y por primera vez sintió vergüenza de su desnudez.   

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Sobre mi
soy un eterno hasta luego..

Las despedidas no existen, tarde o temprano habrá un reencuentro...

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Esto no es una despedida por Liz Andrea se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://estonoesunadespedida.blogspot.com/.